Del varietal de uva Tempranillo al cien por ciento, Cruz de Alba es un vino que Casa Cuervo trajo a México desde España no sólo para halagar, sino conquistar paladares de los enófilos expertos y el público en general, que cuando lo prueba enseguida queda cautivado y lo aprecia como un vino idóneo para maridar.

Su origen lo sitúa en Quintanilla de Onésimo, muy cerca de Valladolid y dentro de la llamada ‘milla de oro’ de la famosa región vinícola con denominación Ribera del Duero.

Desde que salió a la luz la bodega en 2003 su característica principal es que los vinos que Sergio Dávila su enólogo produce artesanalmente, responden a un proyecto de lo más amigable con el entorno y el respeto absoluto a la naturaleza bajo un seguimiento fiel de los principios de la agricultura biodinámica y la agrohomeopatía.

Si hay algún vino que nace prácticamente de la naturaleza es este, y su mayor cometido es desde escuchar a la planta y sus necesidades, así como entenderla y respetarla.

De allí que su cultivo es totalmente sostenible, al restaurar y enaltecer los valores del propio terroir, además de evitar la intervención de la tierra para obtener un resultado natural y óptimo.

Este vino de producción limitada con numeración en cada botella, parece haber llegado para quedarse, según compartió con Food Lab Cecilia Heath la embajadora de marca durante la presentación del vino con una cena maridaje que dirigió en The Liquor Store.

Entre las cualidades que ella resaltó, está el color con gran intensidad rojo profundo y sus aromas que denotan notas afrutadas maduras, de monte y balsámicos; con acento de madera bien integrado creando una sensación mineral. El sabor es fresco, sedoso y con final largo persistente.

El maridaje estuvo bien concebido reafirmando que es un vino muy gastronómico y quedó muy bien al lado de unos betabeles suaves de cosecha orgánica, aderezados con aire de balsámico, piñones rosados y espinacas tiernas; al igual que con una tosta de masa madre con foie gras, compota de frutos rojos y aire de nuez; asimismo con un halibut tierno con uvas rojas y puré de malanga; el sorbete de aceite de oliva con ralladura de grana padano y brotes de arúgula y finalmente unas recolecciones de maderas amargas y moka con cremoso de haba tonka y perlas de vino tinto con tierra mojada.