Texto de Alejandro Langarica

 

Tuvimos oportunidad de visitar hace poco la región canadiense de Quebec, donde disfrutamos su peculiar cocina rodeada de influencia francesa. Es un hecho que falta tiempo para posicionar grandes restaurantes canadienses dentro de las listas gastronómicas influyentes, pero han tenido grandes avances, ya que algunos chefs están tratando de dejar atrás la percepción de la falta de cocina de calidad canadiense. Sin embargo, gracias a esa influencia gala logran unificar la cultura gastronómica de dos mundosCaptura de pantalla 2018-02-09 15.15.32

Dentro de los restaurantes que buscan conquistar al mercado de alta gastronomía nos encontramos con sofisticados locales e importantes diseños arquitectónicos para crear atmósferas únicas. A diferencia de esto, el restaurante “EUROPEA” es un lugar único, sencillo, sin gran diseño y muy enfocado en calidad, servicio y muchos detalles.

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Al llegar, te reciben en la mesa con una carta a tu nombre escrita por el chef dándote la bienvenida. Después de pedir los aperitivos llevan a tu mesa como cortesía tres originales platillos: un cono con palomitas de maíz con esencia de trufa, una paleta (lollipop) de verduras tempura y un “tendedero” de carne seca de caribú. Los platillos son servidos de forma única y original.

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Puedes elegir a la carta o un menú degustación con una variedad interesante, puede ser completo de 11 tiempos o la versión corta de 4 tiempos salados, además de los postres.

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De entrada, te sirven uno de los platillos insignia del chef, un “cappuccino” de crema de langosta con trufa. Inmediatamente después, te sirven una caja en forma de libro que al momento de abrirlo sale humo con esencia de hierbas y encuentras en el fondo de la misma un plato de salmón local glaseado con maple. ¡Realmente bueno!

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De segundo, mi esposa pidió un velouté de alcachofa, nuez y porcini con foie rasurado al momento. Yo elegí el Foie gras que venía acompañado de dos langostinos capeados, pequeños brioches hechos en casa, y un muy curioso smoothie de betabel y manzana verde que hacia un gran complemento al platillo.

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De plato fuerte, mi esposa escogió un halibut con costra de macadamia, cocinado con cítricos y heno, y una salsa de mantequilla infusionada con coco, servido en una cazuela muy bien presentada. Yo decidí irme por la especialidad de la casa, cachetes de ternera cocinados a fuego lento en barro, servidos con papas, alcachofas y una salsa Civet.

La presentación de mi platillo fue una buena experiencia, venía en una charola un “domo” de barro y un martillo, donde como comensal, rompes el domo para encontrar lo que se cocinó ahí por horas a fuego lento. Me complació que te hagan participe de lo que está sucediendo en tu cena. Una vez roto el domo se lo llevan para traerte ya en el plato la presentación final.

Para terminar, te ofrecen una variedad de quesos regionales. Es importante aclarar que el área de Quebec es una gran productora de quesos artesanales.

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Como postre, llamado por el chef pasaporte a la dulzura”, te traen un pequeño árbol decorado con algodones de azúcar y bolsas de distintos dulces, en cuya base hay mignardises variados y otros postres. Entre ellos, un cremoso de chocolate blanco y durazno con helado de frutos rojos y una “tapa” de azúcar transparente. Todo muy bien presentado y delicadamente cuidado.

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Considero que la gastronomía de ese país no está apreciada como es debido, y principalmente la de esa región tiene mucho que ofrecer, ya que están llevándose a cabo grandes logros. Hay varios restaurantes dignos de ser visitados en donde están haciendo muy bien las cosas en favor de mejorar la perspectiva de la cocina canadiense y específicamente de la quebecoise. Sin dudarlo, les recomiendo este restaurante del Chef Jerome Ferrer.