El artista británico cumple su cometido: Llamar la atención a nivel mundial. La obra Banksy vendida en la casa de subastas londinense Sotheby’s le dio la vuelta al mundo luego de autodestruirse inmediatamente después de cerrarse la subasta por la pieza.

La pieza ‘Girl With Ballon’ alcanzó los 1,3 millones de dólares cuando momentos después de que el martillo marcara la venta, el lienzo pasó a través de una trituradora escondida detrás del marco. Mientras que algunos asistentes se mostraron sorprendidos y no paraban de grabar tremendo suceso, a otros les pareció una burla.

En 2017, la obra fue votada en Londres como la obra favorita del país tras su aparición en una pared en Great Eastern Street en 2006. La versión de la galería presentaba pintura en aerosol y acrílico sobre lienzo, montado sobre una tabla.

Al momento, el artista de identidad anónima, subió en Instagram una captura del momento donde escribió: “Desapareciendo, desapareciendo, desaparecida…”.

Esta acción del artista ha recibido múltiples interpretaciones y podría multiplicar el valor de la obra. Mientras esto sucedió, el director senior y de arte contemporáneo en Europa de esta casa de subastas, dijo: “Parece que acabamos de ser Banksy-zados”.

Es un hecho que Banksy no sigue las “reglas” impuestas por la sociedad, ha realizado innumerables muestras o protestas hacia el arte y la forma en la que opera, desde colgar cuadros en famosos museos sin autorización previa, ha grafiteado en lugares imposibles; incluso, ha hecho su propio parque de diversiones. Sin duda, todo movimiento subversivo que manifiesta, lejos de alejarlo de la esfera artística hace que adquiera más renombre. A Bansky le gusta burlar al sistema, pero ¿acaso no es el mismo sistema el que le ha dado su fama? Quizá es una relación tóxica en la que ambas partes se benefician.